Reseña: La rosa de las nieblas

Por Airam de María
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La rosa de las nieblasTítulo de la obra: La rosa de las nieblas
Autor: Lola Robles
Editorial: Crononauta
Año de edición: 2026
Extensión: 298 páginas
Encuadernación: Rústica
PVP: 20€


La rosa de las nieblas es una space opera a pequeña escala que combina ciencia ficción y fantasía. No pretende llevarte de viaje por toda la galaxia ni deslumbrarte con batallas colosales. Aquí no hay combates entre flotas espaciales, ni enfrentamientos multitudinarios entre ejércitos imperiales e insurgentes rebeldes. Sin embargo, no renuncia a la épica; a una épica más íntima, contenida y humana.

Esta historia se concentra en un único planeta alumbrado por un sol rojizo y envejecido, cuya luz engendra una inquietante niebla carmesí que lo envuelve todo y da nombre a la novela.

Niflhéim no es un lugar hermoso. Sus paisajes transmiten una profunda melancolía. Casi puede respirarse en ellos una densa tristeza muy en sintonía con la historia de los niflúngars: un pueblo desterrado, condenado a habitar en ese mundo hostil a causa de su desmedida codicia y sus gustos y propensiones violentas.

El desarrollo tecnológico de los niflúngars es prácticamente inexistente. El planeta estaba completamente deshabitado antes de su llegada, así que, abandonados a su suerte y con apenas lo indispensable para subsistir, la organización social de los niflúngars recuerda más al feudalismo que a cualquier escenario moderno que podamos imaginar.

Lola Robles

La rosa de las nieblas gira en torno al origen y motivos de ese destierro, así como a un misterioso poder conocido como fatia, que solo los niflúngars dominan. Ambos enigmas se irán desentrañando poco a poco a través de las vivencias de cuatro exploradores que emprenden una peligrosa misión, lejos de sus respectivos planetas de origen.

Yolen, Érik, Jane y Sebeok han sido contratados por una facción rebelde con un único objetivo: descubrir cómo anular el poder que ha permitido a Íngvar alzarse como amo de la galaxia. Para lograrlo, deberán viajar a Niflhéim, su planeta natal, y ganarse la ayuda de sus habitantes… Los mismos que, tiempo atrás, fueron desterrados por la coalición interplanetaria a la que ellos pertenecen, por lo que su visita no contará con una bienvenida asegurada.

Los cuatro proceden de culturas y orígenes muy distintos, y apenas existe conexión entre ellos al principio. No hay complicidad ni afecto, solo la coincidencia forzada en una nave y unas habilidades personales que los convierte en el equipo perfecto… aunque solo a nivel técnico.

Ninguno sabe qué se encontrarán tras el aterrizaje. Niflhéim ha permanecido aislado, sin comercio ni comunicación con el exterior, a excepción de los escasos contrabandistas que, en ocasiones, se aventuran a acercarse hasta sus rojas tierras. Sin embargo, la expedición no tardará en comprender que los niflúngars, lejos de haber cambiado, continúan aferrados a los mismos vicios que provocaron su caída.

Cuando Yolen, Érik, Jane y Sebeok descubren que, junto a ellos, los nókvaars malviven como esclavos privados de todo derecho, la misión dejará de ser un simple encargo para convertirse en algo personal que los cambiará por completo.

La rosa de las nieblas está narrada en primera persona. Yolen es una piloto libre que se mueve entre la fina línea que separa la autonomía y el contrabando, aunque nunca antes había tenido tratos con los niflúngars. A través de su voz conoceremos al resto de los personajes, y aquí es donde la novela brilla de verdad. Cada uno carga con sus propios conflictos y sus cicatrices y, a medida que se revelan sus pasados y las verdaderas razones que los han llevado a aceptar esa misión, el relato gana profundidad y peso emocional.

El concepto de la fatia, un conjunto de conocimientos inspirados en las prácticas ancestrales de los druidas o chamanes, junto con la ausencia de grandes despliegues tecnológicos, puede acercar la novela más hacia la fantasía que a la ciencia ficción. Sin embargo, aunque no abrace todos los tópicos de la space opera más clásica, conserva sus elementos esenciales. Y es que, a diferencia de la ciencia ficción espacial, que está más centrada en el rigor científico y en la exploración del espacio, las space operas se acercan más al género de aventuras, con conflictos a gran escala o civilizaciones enteras coartadas por algún imperio opresor o amenaza global. La tecnología puede jugar en ellas un papel relevante, pero no es el eje central; la ciencia funciona más como un vehículo narrativo: un recurso que le otorga esa apariencia galáctica.

Lo que sí resulta esencial en las space operas es la capacidad para hacernos vivir aventuras a través de sus personajes, enfrentándolos a situaciones extremas y peligrosas que los acercan a lo épico. Suelen ser obras corales, donde varios protagonistas se ven arrastrados hacia conflictos que trascienden lo individual, al tiempo que también se ven obligados a afrontar aspectos más complejos y humanos, como dilemas sociales, morales, políticos o incluso raciales. En este sentido, La rosa de las nieblas encaja a la perfección, demostrando que no es necesario abarcar toda una galaxia para alcanzar lo heroico.

La rosa de las nieblas

Partiendo de premisas reconocibles, la autora construye una historia cuyo alcance va más allá de una simple trama de aventuras. Aunque el argumento puede resultar predecible en algunos momentos y se echa en falta algún giro que sorprenda, esta aparente falta de originalidad queda compensada por la humanidad de sus personajes. Entre ellos destaca Yolen, cuya voz no solo nos guía a lo largo de todo el relato, sino que lo dota de gran sensibilidad. Resulta fácil empatizar con ella y saborear la historia a través de su mirada, tanto en los momentos de tensión como en los más íntimos.

Así, incluso cuando el argumento se desarrolla por los caminos esperados, la profundidad emocional y la cuidada construcción de sus personajes sostienen el peso de la narración.

Más allá de estas consideraciones, La rosa de las nieblas, además, destaca por su capacidad de atrapar al lector. Hay una buena combinación de acción y ritmo, el worldbuilding creado por la autora es rico y fluido, y las escenas más trepidantes se narran con dinamismo. Lo mismo ocurre con los momentos íntimos o introspectivos. El estilo narrativo de la autora es elegante, preciso y equilibrado. Evita caer en el exceso y muestra lo justo y necesario. En este aspecto, Lola Robles demuestra ser toda una dama de las letras con un amplio bagaje.

Lola Robles es una escritora española que destaca dentro de la ciencia ficción y la literatura fantástica. Su obra se caracteriza por su enfoque intimista, y ha sido reconocida en el ámbito de la literatura de género en España por su consolidada carrera y su mirada crítica.

A lo largo de su trayectoria ha mostrado su firme compromiso con el colectivo LGTBI y el movimiento feminista, mostrando en sus obras identidades y afectos diversos. Su cercanía emocional, siempre mostrada a través de una óptica incisiva y analítica, cuestiona lo establecido y plantea dilemas que invitan al lector a replantearse ciertas estructuras sociales.

Todo esto es lo que encontrarás en La rosa de las nieblas. Una lectura serena, madura, más personal, donde lo importante no es el envoltorio sino lo que se guarda en su interior. No es un libro de cantos coloridos ni pensado para leerse con prisas. Sus frases y reflexiones merecen una atención pausada y atenta.

Esta novela no es nueva. Fue publicada originalmente en 1999 por una pequeña editorial y pasó inadvertida para muchos. Ahora, Crononauta ha decidido reeditarla y darle una segunda oportunidad, algo destacable en un mercado editorial volátil y acelerado, en donde los libros aparecen y desaparecen de las librerías con la fugacidad de un desfile trágicamente efímero.

En mitad de este mercado tan ávido de novedades, en donde aparentemente solo mandan las modas, las ventas y el número de followers del autor, es digno de reconocimiento que una editorial navegue en dirección contraria, apostando por obras con corazón y no en simple tendencia.

Por todo ello (una historia profundamente humana, la labor editorial que ha logrado rescatarla y por un prólogo bellísimo de Susana Vallejo que merece ser leído), gracias a todos los que han hecho que esta novela vuelva a ver la luz.


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