Akira (1988), de Katsuhiro Otomo, despoja al espectador de respuestas fáciles, ofreciendo una historia que crece en complejidad tanto en lo político como en lo humano. La animación, con su uso expresivo del color y la textura, crea un mundo que se siente real y peligrosamente inminente. Su tema central, el potencial destructivo del poder y la fragilidad de la juventud, resuena mucho más allá de su época, haciendo de ella un referente atemporal en el género. Descubre otros motivos que la hacen imprescindible y una de las distopías TOP 10 para nosotros.
