Entrevista a Lola Robles

by Laura S. Maquilon
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Lola Robles estudió Filología Hispánica y fue socia fundadora de la Biblioteca de Mujeres de Madrid. Asistió a los talleres de escritura creativa de Clara Obligado y actualmente imparte talleres relacionados con la escritura y el feminismo. Como investigadora se ha especializado en escritoras españolas de ciencia ficción. En 2016, fue seleccionadora de la antología Visiones, que convoca cada año la AEFCFT. Se declara como una autora feminista, antimilitarista y cuir, rasgos que también definen sus obras, centradas en la ciencia ficción. Además de numerosos relatos en diversos medios y antologías, ha publicado las novelas La rosa de las nieblas (Kira Editorial, 1999) y Flores de metal (Equipo Sirius, 2007); la colección de relatos Historias del Crazy Bar y otros relatos de lo imposible (Stonewall, 2013) junto a Mª Concepción Regueiro; las novelas cortas Yabarí (2017) y El árbol de Sefarad (2018) en Editorial Cerbero; el ensayo En regiones extrañas: un mapa de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravilloso (Palabaristas, 2016),que junto a sus artículos Escritoras españolas de ciencia ficción (SuperSonic, 2016), ganaron sendos premios Ignotus en 2017.

Aprovechamos la reedición de su novela corta El Informe Monteverde (cuya reseña encontraréis en el N3 de Windumanoth), publicada originalmente en 2005 y que ahora regresa a las librerías gracias a Crononauta, para hablar con Lola Robles sobre esta obra y su trayectoria.

 

 

El Informe Monteverde se publicó hace ya trece años. Dicen que uno de los temores de los escritores es regresar a sus obras pasadas. ¿Cómo ha sido para Lola Robles volver a esta historia desde que la editorial propusiese una reedición?

Pues, la verdad, mejor de lo que yo pensaba en ese sentido. Es decir, cuando yo la edité por primera vez en 2005, me pareció un cuentecito. Y ahora la he releído y lo he hecho con gusto. Me ha parecido que no deja de ser una historia corta, pero está bien e incluso la he aumentado y corregido; tenía una puntuación muy diferente a la que uso ahora. Pero ha estado bien, no ha supuesto ningún trauma. También me ha gustado mucho trabajar con Crononauta, su cercanía y dedicación.

 

En esta novela corta encontramos, como es habitual en tu obra, una amalgama de temas, sobre todo sociales, pero también una potente exposición lingüística. ¿Qué le interesaba contar a Lola Robles en esta historia?

El tema del lenguaje dentro de la ciencia ficción siempre me ha parecido muy interesante. Había leído a Ian Watson y Empotrados, que ahora lo han republicado como Incrustados, y me encantó. Leí Babel-17 de Samuel Delany; también me gusta Sofía Rhei, que utiliza este tema con frecuencia en sus escritos. Como no soy científica, pensé que no podía hacer una ciencia ficción hard tecnológica, pero sí que podía utilizar el lenguaje, que es lo que yo conozco más como lingüista y filóloga. Por eso lo hice. También me interesaba hablar de la amistad entre mujeres y la contraposición de tres sociedades diferentes.

 

Te sueles centrar en lo que quieres contar, dejando muchos hilos sueltos, y eso a veces repercute en la valoración de los lectores. ¿Qué opinión tiene Lola Robles de esta forma de entender la literatura?

Las historias son como la vida. Tú en la vida te vas encontrando con personas y no sabes todo de ellas. Las conoces durante un intervalo de tiempo, te alejas y, salvo que mantengas una relación a lo largo de mucho tiempo, no las llegas a conocer bien, ni su pasado, ni su presente, ni como son. Mi literatura funciona de esa manera. Quizá el problema es que ahora estamos demasiado acostumbrados y acostumbradas a que nos lo expliquen todo.

 

Tanto en El Informe Monteverde como en El árbol de Sefarad, tu última novedad publicada en Editorial Cerbero, creas comunidades alternativas al capitalismo. Sin embargo, este permanece siempre en el grueso de la población terrestre, al igual que el machismo. ¿Dónde acaba tu optimismo y empieza tu pesimismo?

¿Optimismo? Esa palabra tendría que buscarla en el diccionario. La verdad es que no soy muy optimista. Creo que la humanidad puede cambiar, tal vez, yo trabajo por ello. Pero soy más bien pesimista. Es como lo de la alegría y la tristeza: no me considero alegre ni optimista, sino triste y pesimista. Pero trabajo por disimularlo.

 

Es frecuente encontrar en tus historias personajes alejados de la norma, ya no solo heteropatriarcal. En El Informe Monteverde hay una raza ciega; en El árbol de Sefarad, uno de los personajes principales ha perdido todas sus extremidades, otro ha sido mutilado; en el relato «Mares que cambian» (Alucinadas, Palabaristas, 2014) tratas en profundidad lo cuir y el transgenerismo. ¿Qué poder tiene la literatura, y sobre todo la ciencia ficción, para cambiar la sociedad y normalizar a los colectivos oprimidos?

La ciencia ficción permite presentar alternativas a la sociedad actual. En ese sentido, nos puede ayudar a abrir nuestra mente. ¿Que la ciencia ficción en sí cambie la sociedad? Pues muchas veces ha ido por detrás de la realidad. Según va habiendo modas y se va normalizando la sociedad, la ciencia ficción también cambia. Solo ha habido algunas personas que se han adelantado. Lo importante es que la gente pueda acceder a la cultura, a la lectura y a la información, eso es lo fundamental. El papel que puede tener la literatura es que la gente tenga acceso a ella.

 

Lola Robles

Lola Robles

 

Si se presta atención, el lector puede comprobar que tanto El Informe Monteverde como Yabarí o «Mares que cambian» transcurren en el mismo universo. ¿Hay más obras de Lola Robles que se engloben en la Alianza de Planetas Centrales?

Sí. De hecho, este es un universo que he ido construyendo conforme escribía. Al principio lo hice de manera más intuitiva, pero luego he reflexionado y he ido construyendo ese universo. De hecho, casi todas las novelas que he escrito, desde La rosa de las nieblas a Flores de metal, acaban situándose en este universo, lo que pasa que en distintos momentos temporales.

 

Hablando de «Mares que cambian», este relato reaparece este mes en Poshumanas, la antología gemela de Distópicas, un proyecto que abarca a autoras de ciencia ficción desde Pardo Bazán a nuestros días. ¿De dónde surgió la idea y cómo ha sido el trabajo de elaboración de estas obras?

La idea me la propuso Sofía Rhei. Es una idea que yo había tenido siempre pero nunca me había decidido a hacerlo, así que el hecho de que ella me lo propusiera en un momento concreto me vino fenomenal. Le dije que sí, buscamos a Teresa López Pellisa, que es investigadora y profesora de Universidad, y nos pusimos a ello. Ha sido mucho trabajo, una tarea muy laboriosa y minuciosa que ha llevado mucho tiempo. Pero el resultado ha merecido la pena porque es un panorama histórico de la presencia de autoras en la ciencia ficción de nuestro país.

 

El año pasado ganaste el Ignotus por tus artículos sobre escritoras de ciencia ficción. En un momento en que hay tantos proyectos e iniciativas por la visibilidad de estas autoras, ¿crees que corremos el peligro de crear un nicho y seguir fuera de los estándares generales?

A veces sí que lo pienso. Me parece muy bien que haya antologías para fomentar la visibilidad de las escritoras y que ellas puedan publicar. Pero me preocupa que publiquemos ahí y no lo hagamos en las antologías mixtas, que se convierta en un sitio seguro para poder publicar, se mantenga y no haya una mayor normalización. En ocasiones he pensado que la convocatoria de Alucinadas está bien para dar a conocer a las autoras que acaban de empezar, pero las que ya llevan más tiempo publicando deberían buscar más espacios.

 

La última pregunta te la dejo a ti. ¿Qué pregunta te gustaría que le hicieran a Lola Robles y qué contestarías?

Cuando me preguntan qué autor me gusta más o cuál considero el mejor, opto por hablar de quién prefiero yo, pero no de la mejor autora o autor; no me gusta entrar en esas categorizaciones. Me gusta decir quién me ha influido, pero no hacer rankings. Además, no me gusta uno solo, tengo la suerte de que me gustan muchos. Es como cuando viajo, que me gustan muchos sitios, cada uno por una razón diferente. Hay muchas ciudades interesantes: Barcelona es muy bonita, Madrid me gusta, Oviedo, Gijón, Santiago de Compostela, Granada, Sevilla. Hay muchas, y con los autores me ocurre lo mismo.

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