¿Quién es Pedro M García y qué le hizo empezar a escribir?
De niño nunca sentí el impulso de escribir, aunque sí que leía, y mucho, ya fuera en casa, en el colegio, el monte o la playa. De casualidad me enteré de un concurso literario entre los institutos del municipio en mi último año de bachillerato, decidí presentar algo (que bebía una barbaridad de Tolkien) y acabé ganando el portátil con el que ya desde ese momento continué escribiendo relatos.
Casi todo lo que leía y lo que empecé a escribir tenía que ver con lo fantástico o la ciencia ficción, quizás porque mis primeras series de dibujos favoritas fueron Street Sharks, Gargoyles o La pajarería de Transilvania, y los primeros libros, que además me engancharon a la lectura, la serie de Deltora escrita por Emily Rodda, o El hobbit, de Tolkien.
Tras una adolescencia de lecturas en su mayoría fantásticas, aquel concurso en el último año de bachillerato y la experiencia de escritura que obtuve de él hicieron que, poco a poco, sintiera el deseo de crear historias que generaran en otras personas esa misma fascinación o placer que he hallado desde pequeño en un libro.
Y cuando, llegado un punto, comprendí que para aprender a narrar medianamente bien no me bastaba con practicar de vez en cuando por mi cuenta, sino que necesitaba de la ayuda de otros más experimentados que yo, entré a formarme en la Escuela de Escritores de Madrid.

Pedro M. García
Tu relato publicado en Windumanoth, «No olvides lo que dicen los cuentos de hadas», trata sobre un hombre que acaba en mitad del bosque rememorando las advertencias de su tío. ¿Cómo se te ocurrió la idea? ¿Qué buscaba transmitir Pedro M García en esta historia?
Como comenté en el podcast, la idea del relato surgió a partir de algo que leí en «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», el cuento de Borges que abre su libro Ficciones. En él sostiene que, mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.
Quise jugar con esta idea de fondo y al mismo tiempo homenajear en cierto modo a los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. En muchos de ellos el bosque funciona como un espacio oscuro que simboliza lo oculto que va a ser revelado. El viaje iniciático del personaje sucede en él. Y por eso resulta peligroso y arriesgado. A partir de estos dos elementos, la frase de Borges y el espacio, fue apareciendo lo demás. El paso de la juventud a la vida adulta mediante la entrevista de trabajo, la figura del tío como mentor del protagonista, los distintos obstáculos, tanto animados como inanimados, que se encuentra en el bosque…
A menudo desoímos las advertencias de personas con más conocimiento o experiencia que nosotros con tal de hacer lo que se nos antoja; en ocasiones, de hecho, nos libramos de las consecuencias, pero en otras no, hasta el punto de que incluso podemos afectar sin saberlo a personas que nada tienen que ver con nosotros o lo que hicimos. Algo similar sucede en esta historia.
Por otro lado, tanto la música como los seres feéricos son de influencia anglosajona. La música aparece como elemento intertextual y de homenaje a Sir Orfeo; un romance medieval inglés en el que Orfeo pierde a su mujer Eurídice a manos del rey de las hadas y la acaba rescatando, tras años de deambular por el bosque, precisamente gracias a sus dotes musicales. Asimismo, el nombre de Mab y la primera frase que dice (y que algunos lectores quizás reconozcan) provienen de Shakespeare: Mercutio habla de la reina Mab, nodriza de las hadas, en el primer acto de Romeo y Julieta; y Titania, reina de las hadas, despierta en Sueño de una noche de verano diciendo «¿Qué ángel me despierta en mi lecho de flores?».
Hay todavía unos cuantos elementos más de los que no he hablado, pero tampoco pretendo hacer ahora un análisis profundo del cuento. Espero que baste con decir que me gusta que los textos sirvan de puente o camino hacia otros textos, que conecten en las mentes de los lectores ciertas ideas, personajes, emociones o espacios entre los que de otro modo no se hubiera establecido quizás ningún tipo de vínculo. Y ya lo que salga de ahí, naturalmente, dependerá de cada lector.
¿Esta ha sido tu primera incursión en la literatura de género? ¿Es una excepción en tu carrera o tienes planes de que siga apareciendo fantasía, ci-fi o terror de la pluma de Pedro M García?
No, varios de los relatos que me han publicado anteriormente se engloban dentro de la fantasía o del terror. Al igual que muchos de los otros que he escrito y que todavía no han visto la luz. El primer cuento que escribí, de hecho, era de corte fantástico. Para mí casi todo gira en torno a la fantasía (o su ausencia). Gracias a ella descubrí el placer de la lectura, y a través de ella espero, siempre que pueda, continuar mi camino como narrador.
¿Qué otras obras de Pedro M García podemos encontrar en el mercado? ¿Y en proyecto?
Ahora mismo pueden encontrar digitalmente «Ante mi frontera» y «El guardián». El primero de los dos relatos salió publicado en la revista Temporales de la NYU, y el segundo en La rompedora, de la EdE. Otro de mis cuentos, «Lo que trajo el humo», apareció en el número 48 de la revista literaria Fábula, y «El mosquito» en el número 16 de La gran belleza (que ya está agotado).
Orilla es-con-di-te, mi primer libro, saldrá a la venta este otoño tras resultar ganador del Nuevas Escrituras Canarias 2021. Es un híbrido un tanto experimental entre cuento y novela; gira en torno a la vida de un saxofonista y en el que lo fantástico y lo onírico están presentes de diversas formas. Hasta el momento es quizás la historia en la que más me he permitido jugar, divertirme. Y romper con digamos esa manera tradicional de narrar a la que estamos habituados.
Además de escritor eres traductor y has trabajado para el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Qué peso tiene esta formación en las obras que escribe Pedro M García?
Diría que ha tenido y tiene un peso significativo a distintos niveles. Mi primera experiencia profesional fue durante las prácticas del grado en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. De las compañeras que ahí tuve (y que, por suerte para mí, he seguido teniendo) aprendí lo que significa trabajar. Con ahínco, profesionalidad y una sonrisa o buen ánimo a pesar de los imprevistos o trabas que nos podamos encontrar en el día a día.
Entiendo la escritura como un proceso de largo recorrido, que requiere de constancia y dedicación. Y en el que para mejorar no basta (o al menos a mí no me ha bastado) con momentos de alta intensidad seguidos de temporadas en barbecho. La inspiración está genial. Pero el trabajo diario y la minuciosidad son lo que la mayoría de las veces termina por elevar un texto y diferenciarlo del resto. Desconozco la forma en que trabajaría ahora una historia si en lugar de con ellas me hubiera encontrado con otras personas menos serias y que se contentaran con exigirse lo mínimo para salir del paso.
Eso en cuanto al método o la forma en que suelo trabajar. En cuanto a las influencias, el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria se ha especializado en películas y cortos poco convencionales. Obras que se mueven en los márgenes y que hacen al espectador dialogar consigo mismo y con lo que está viendo. Esta exposición a ese cine que se aleja de lo comercial me ha permitido ampliar horizontes. Hacerme una mejor idea de lo que se está creando en el resto del mundo.
En este sentido, si nos centramos en el género, hay una sección dentro del festival llamada La noche + freak. La organiza y programa Jesús Palacios (a quien probablemente conozcan algunos lectores) y que consiste en una maratón de tres cortos y tres largos. Ahí descubrí, por ejemplo, The Eyes of My Mother, una joya lírica y espeluznante dirigida por Nicolas Pesce, quien más tarde me llevó a leer a Ryu Murakami; o Decorado, el corto de Alberto Vázquez que se llevó el Goya en 2016.
¿Un libro de género que recomiende Pedro M García?
Me pides uno, pero voy a recomendar tres, todos de relatos o microrrelatos. En el ámbito nacional, y aprovechando que mi cuento transcurre en un bosque, no puedo evitar mencionar El bosque profundo de Sofía Rhei, una exquisitez de libro de microrrelatos publicado por Aristas Martínez e ilustrado por Anna Ribot Urbita en el que la autora experimenta, juega e hipnotiza con historias en su mayoría oscuras y con un lenguaje que linda con lo poético.
Si saltamos de nuestro país a nuestra lengua, Las voladoras de Mónica Ojeda, publicada por Páginas de Espuma, es otra apuesta garantizada para los amantes del gótico y de ese horror visceral capaz de generar belleza. Y ya por último recomendaría Humo y espejos de Neil Gaiman, publicado en España por Salamandra. En él, el autor explora nuestra realidad y las posibilidades que ofrece mediante juegos, subversiones y homenajes a la fantasía, ciencia ficción y terror.
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