Reseña: El diablo mundo

Por Alister Mairon
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El diablo mundoTítulo de la obra: El Diablo Mundo
Autor: Amparo Montejano
Editorial:  Numak Editorial
Año de edición: 2025
Extensión: 230 páginas
Encuadernación: Rústica con solapas
PVP: 19,00 € (papel)


La figura del Diablo es un amalgama de contrastes. Fascina y sobrecoge, carga con el pecado del mundo al tiempo que encarna el espíritu rebelde. No hay pueblo del mundo que no cuente, con uno u otro nombre, con un Adversario. Satán, el Diablo para las religiones monoteístas, ha sido fuente de horror y combustible para no pocos artistas. Siguiendo esta estela, Amparo Montejano le rinde homenaje a través de El Diablo Mundo, publicado por el sello Numak.

Tras sumergirse en la brujería con Tierra de Meigas, que reseñamos aquí, Amparo Montejano nos presenta una nueva zambullida en el imaginario colectivo de nuestro país. En esta ocasión, la autora nos lleva de paseo al Averno, el hogar de los demonios. Y es que de criaturas cornudas y perniciosas, nuestros paisajes rebosan. Aunque nadie se lleve a equívocos: El Diablo Mundo no es un ensayo pormenorizado sobre la figura de Lucifer. Al contrario: estamos ante un retrato compuesto por ficciones, metaficciones y textos subversivos acerca de un tema de interés global. El Mal y sus sinergias.

RELEYENDO AL DIABLO

El primer aspecto a destacar en la obra de Montejano es su tratamiento de Satán, el Adversario. A la manera de los autores clásicos como John Milton y su El Paraíso Perdido, la autora sitúa a Lucifer en el centro de su narrativa, convirtiéndolo en protagonista. La historia bíblica, conocida y compilada hasta la saciedad, se relata en esta ocasión desde el punto de vista del Diablo.

Él es quien abre el primer capítulo de El Diablo Mundo para contarnos cómo fue su llegada a la consciencia y de qué modo la aparición de Adán truncó su relación con Dios. Satán es el agraviado, el paria que decide abandonar las divinas faldas para andar su propio camino. Es un personaje, en la concepción de Montejano, que no se rebela por las armas o la soberbia, sino que se aleja de quien le ha apartado y sustituido por un nuevo juguete. ¿Para buscar venganza? No a priori.

El camino que recorre el Diablo es el del conocimiento oculto, que le permite comprender y utilizar las fuerzas primarias de la Tierra a su antojo. Elabora así la autora su propio mito de la creación del Adversario, donde Satán ya no es un agente pasivo de la voluntad de Dios, sino artífice consciente de su propio destino. Al igual que el Diablo de la ilustración de cubierta, obra de Tomás Hijo, el Lucifer de Amparo Montejano también detenta lo divino entre las garras. Y juega y altera su curso a voluntad.

Él elige entre la compasión y el castigo, revistiéndose como juez (una idea muy integrada en el imaginario islámico primigenio). La suya pasa a ser pues no tanto una fuerza de oposición como una postura de equilibrio. Es el reverso y complemento de lo divino. Así que decantar la balanza hacia el Bien o el Mal… Eso es cosa de los humanos.

Amparo Montejano

LO DIABÓLICO ESTÁ EN LA HUMANIDAD

Tras este primer capítulo, El Diablo Mundo se despliega como una galería de ficciones malignas. Poemas, relatos y breves ficciones se alternan con citas bíblicas y referencias a los clásicos. Amparo Montejano despliega su elegante y rica prosa para guiarnos a través de retazos de historias que beben de múltiples fuentes. Pues como indica José Montejano en el prólogo, esta obra es fruto de años de profunda investigación acerca de lo demoníaco. Aunque la presencia del Diablo como tal quede relegada a los capítulos (o estancias) que realmente le atañen como personaje.

Por supuesto, el Diablo (o los moradores del Infierno), planean por estas ficciones. Pero estas criaturas no son responsables del mal. A menudo, la presencia de lo infernal es alegórica o ejerce como augur. Pero el desempeño de la mala acción recae sobre manos humanas. De ahí que la obra de Montejano pueda verse como un catálogo de lo perverso que anida dentro del ser humano. Al fin y al cabo, son padres crueles, pedófilos aficionados al alcohol o niños que se revelan ante la cantidad de bilis vertida sobre ellos quienes actúan activamente en estas historias.

La diversidad del conjunto crea una amalgama única que oscila no solo entre géneros, sino también entre tonos. Poesía tradicional se empalma con relatos de corte gótico y con ficciones dieciochescas que saben a Allan Poe, a Charles Dickens y a muchos otros. La alternancia entre ellos es premeditada. Si bien el rumbo en el que el lector va a tropezarse con cada una de estas ventanas a los oscuros rincones del alma puede variar.

EL DIABLO MUNDO: UN PERVERSO «ELIGE TU PROPIA AVUENTURA»

El último de los elementos diferenciales de la obra de Montejano es su construcción interna. Y es que la obra se ha concebido como una suerte de «elige tu propia aventura» para el lector. La obra, compuesta por venticuatro estancias, puede ser leída de manera ordinaria o siguiendo uno de los cuatro senderos propuestos. Estas vías de iluminación alteran el orden cronológico de la lectura, permitiendo un viaje propio a través de la maligna humanidad.

El Diablo Mundo

Sin embargo, leer una u otra vía no altera en demasía la experiencia lectora, tan solo el orden de los impactos. Y es que en la mayoría de los casos, las cuatro vías transitan casi por todas las estancias posibles para desembocar en un final común. Algo que, en cierto modo, tiene sentido dentro del constructo de Montejano. El Mal encuentra siempre la vía para abrirse camino, a fin de cuentas.

Con todo, el divertimento de dejarse guiar por los simpáticos diablillos ilustrados por Tomás Hijo convierte la lectura en un ejercicio cómplice. De la mano de estos grotescos Virgilios, cada persona recorre El Diablo Mundo a su modo. Sea transitando una de las vías marcadas o bien saltando entre ellas.

En resumen, nos encontramos ante una obra en la estela de la bibliografía de su autora. Un texto construido en base a profusas investigaciones que sustentan lo ficcional. Es original en su planteamiento y satisfactorio en contenido. Aunque como ya sucedía con obras previas, su riqueza no se encuentra tanto en lo novedoso del tema planteado como en la lírica preciosista de lo narrado. Se trata pues de una apuesta segura para quienes amen el modo de narrar de Montejano y una más que válida vía para que la descubran quienes todavía no la han catado.


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