Misa de medianoche: ¿la redención a través de la fe?

by Daniel Izur
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¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por nuestra fe? ¿Son los milagros obras de los ángeles o de los demonios? ¿Puede ejercerse la crueldad en nombre de Dios? Misa de medianoche nos presenta un puzle de piezas que encajan con precisión absoluta. Las pistas son lo suficientemente claras como para que los más duchos en la literatura de terror y las leyendas folclóricas se adelanten a la trama, y también son lo suficientemente claras como para que los menos duchos en estos terrenos, lejos de sentirse estafados, reconozcan los detalles que habían pasado inadvertidos para ellos cuando el ángel descienda sobre el desierto de Damasco.

UNA MISA DE MEDIANOCHE OFICIADA POR UN CONOCEDOR DEL GÉNERO

El autor de este puzle no es otro que Mike Flanagan, director y guionista de cine de terror que se adentró en el mundo de las series de televisión con La maldición de Hill House y La maldición de Bly Manor. La primera, basada en la novela de mismo título de Shirley Jackson, y la segunda, inspirada en la obra y espíritu de Henry James. Sus gustos literarios no son un secreto y tampoco una sorpresa: adaptó a Stephen King con Doctor Sueño y El juego de Gerald, y lo homenajea abiertamente en esta Misa de medianoche. Además, no piensa abandonar ni la literatura ni la pequeña pantalla: pronto conoceremos su interpretación de las obras La caída de la casa de Usher, de Edgar Allan Poe, y El club de medianoche, de Cristopher Pike.

Pero, dejando a un lado la inspiración y el homenaje literario, este es un proyecto más personal que el resto de los mencionados, escrito junto a su hermano James Flanagan y nacido desde el miedo a matar y no a morir. Porque para Mike, antes de superar su adicción al alcohol, el verdadero horror no era morir en un accidente, sino matar y sobrevivir a él.

Misa de medianoche

Quedan así a un lado los fantasmas y las maldiciones, y la acción se traslada a una pequeña isla con una fuerte comunidad católica. Nos lleva a ella Riley Flynn después de haber cumplido condena por conducir borracho y provocar la muerte de una niña en un accidente de tráfico. La isla ha cambiado y sus gentes también, aunque hay algo que permanece inmutable: la fe que sostiene el rito. Y Mike Flanagan también nos habla aquí con conocimiento de causa: además de recibir una educación católica y servir como monaguillo a su comunidad durante más de doce años, ha leído y estudiado la Biblia, y gracias a este conocimiento acerca de la iglesia y de la adicción al alcohol, Flanagan ha construido una trama que confluye de forma orgánica entre los distintos personajes de Misa de medianoche. Sin prisa, creciendo a través del diálogo y la imagen, con una atmósfera que, por momentos, lo es todo. Los cantos religiosos, los pasajes bíblicos y los sermones del padre Paul envuelven las historias de Riley, Erin, monseñor Pruitt y un buen puñado de secundarios que conocemos mediante escenas cotidianas y conversaciones no tan cotidianas, pero pero sí profundas y reveladoras.

Misa de medianoche

EL DIÁLOGO AL SERVICIO DE LA OBRA

El terror se va construyendo poco a poco, a medida que las revelaciones se vuelven más evidentes y se acerca el momento de la verdad, y, mientras tanto, Mike Flanagan nos deleita con esos diálogos tan aclamados por unos y tan denostados por otros, sello ya reconocible del autor.

Los diálogos de Mike Flanagan son profundos, existenciales, intensos. Representan conversaciones pseudofilosóficas que no sucederían jamás entre dos viejos amigos, entre un padre y un hijo, entre un borracho y una joven, o entre un feligrés y su pastor. Sin embargo, son diálogos bien articulados que dimensionan a los personajes y profundizan en las cuestiones que plantean sus obras. A lo largo de toda la historia han nacido corrientes literarias con la intención de imitar o diseccionar la realidad, y corrientes literarias con la intención de superar o incluso transformar esa realidad. Mike Flanagan pone a su servicio los diálogos que tienen sus personajes para contar lo que él quiere contar, independientemente del registro de los personajes en cuestión, como hacen, por otro lado, tantos guionistas laureados. ¿O acaso es realista que los matones barriobajeros de Tarantino sean tan elocuentes y precisos en la palabra?

Su principal flaqueza no es, por tanto, la falta de fidelidad a la condición de sus personajes sino su pretensión filosófica, que se reduce a menudo a un soliloquio de excesiva intensidad emocional:

ERIN: ¿Qué pasará cuando mueras?

RILEY: Cuando muera, mi cuerpo dejará de funcionar. Me apagaré de golpe o gradualmente. Mi respiración parará, mi corazón dejará de latir. Muerte clínica. Y un pelín después, cinco minutos después, mis células cerebrales morirán. Pero, mientras tanto, entre medias, tal vez mi cerebro libere un torrente de DMT. Es una droga psicodélica que se libera cuando soñamos.

Yo sueño. Sueño más de lo que he soñado nunca, porque es todo como un gran subidón de DMT de golpe, y mis neuronas comienzan a arder y veo un despliegue de fuegos artificiales, de recuerdos, y empiezo a alucinar. En serio, alucino a lo grande, porque mi mente se va a abriendo paso entre los recuerdos a medio y corto plazo, y los sueños se mezclan con recuerdos, y… es una ovación. El sueño que acaba con el resto.

Un último gran sueño en que mi mente lanza los putos silos de misiles, y luego… paro. Mi actividad cerebral cesa y no queda nada de mí. Ni dolor ni recuerdos ni conciencia de lo que he sido. Ni el haber hecho daño. Ni haber matado a alguien. Todo está como fue antes de mí. La electricidad abandona mi cerebro hasta convertirse en tejido muerto. Carne. Olvido. Y el resto de partes que me componen, los microbios y las bacterias y los millones de cosas que viven en mis pestañas, en mi pelo, en mi boca y en mi piel y en mi tripa y en el resto siguen viviendo y comiendo. Y sirvo un propósito. Alimento la vida. Y fragmento y todos esos diminutos de mí se reciclan y estoy en muchos otros lugares. Y mis átomos están en plantas, en bichos, en animales y soy como las estrellas que hay en el cielo. Un momento y todo se esparce por el dichoso cosmos… Te toca. ¿Qué pasará cuando mueras?

El problema de este soliloquio de ejemplo no reside en la falta de credibilidad, reside en el exceso como apariencia. Apariencia para tratar de ser una serie más filosófica y profunda de lo que realmente es hablando de subidones de DMT, un último gran sueño, el cosmos y propósitos varios. Detrás de este soliloquio hay un mensaje de Riley que nos habla acerca de su búsqueda de redención y su concepción materialista del mundo, pero es un mensaje simple y sencillo revestido de algo que no es.

Misa de medianoche

Otro cantar son los sermones del padre Paul, escritos e interpretados desde la pasión que otorga la fe. En estos sermones, Mike Flanagan tiene claro su mensaje y lo escribe sin rodeos:

PADRE PAUL: Viernes santo, uno de mis días favoritos. La pasión de Nuestro Señor. Sólo esa palabra. Pasión. La palabra «pasión» hace referencia a una emoción fuerte y difícil de controlar. Eso fue lo que sintió Jesús cuando entregó su vida por nosotros para que disfrutáramos de la vida eterna. Qué regalo tan bien reflejado en el evangelio de Juan. Evangelio significa buenas noticias. Buenas noticas en Viernes Santo. Y aun así es una historia de sufrimiento muy profundo. ¿Qué tiene de bueno el sufrimiento de Jesús? No es simplemente necesario. Es el precio de la vida eterna. Ese sufrimiento que él afrontó en soledad en la Resurrección. Él estuvo solo y luego, bueno, se hizo con unos aliados. Y luego con más. Una congregación. Y luego más y más. La gente ha ido contando esa historia y Dios tiene un ejército. ¿Qué decían en ese anuncio? «Sé todo lo que puedas ser». Sin ofender a las Fuerzas Armadas, que son necesarias y por supuesto honorables… Eso no es todo lo que podemos ser. En el Ejército luchas por Dios y por tu país. No pretendo ofenderlos, pero esa es la verdad. Dios no quiere que luchemos por este país. ¿Qué arrogancia desprende eso? Dios no tiene país. Sólo hay un Dios para todos. Las líneas que dibujamos, los tratados que cerramos no significan nada para él. No luchéis por un país, luchad por el Reino de Dios. Un reino que según nos dice Jesús no tiene banderas ni fronteras. Pero no erréis si es una guerra. Para eso están los ejércitos.  Así que, como congregación, como Ejército de Dios… ¿Cómo sabemos cómo está yendo la batalla? No tenemos un informe. Lo único que tenemos esta aquí, en el corazón. Cómo sentimos esa brújula moral que todos tenemos en nuestro interior y que señala hacia el Espíritu Santo. Conciencia. En el Ejército de Dios la conciencia es una cuestión clave. Hay muchas, pero esta es mía. Pensaréis que es una frase de una peli de guerra, pero no lo es. Es del Credo del fusilero, y un credo es por definición no sólo una creencia sino una creencia religiosa. Así que es una guerra y por tanto habrá víctimas, y debemos ser soldados. En eso consiste el Viernes Santo. Dios os pedirá cosas horribles a todos. Horribles. Mirad lo que le pidió a su hijo, lo que Jesús tuvo que soportar. Lo llamamos la Nueva Alianza porque la Voluntad de Dios, aunque es perfecta, cambia. La Voluntad de Dios dicta la moralidad y a medida que su voluntad cambia lo hace dicha moralidad. Cambió con la Nueva Alianza, cambió con la llegada de Jesús. Y debemos como ejército dejar atrás la vieja alianza y hacer caso de esto, del corazón. Confiad en esa brújula. El Viernes Santo es maravilloso. El Evangelio del Señor lleno de horrores sólo es bueno por el lugar al que se dirige, por el objetivo que alberga. La Resurrección. Hoy es un buen día por lo que se acerca. La Pascua de este domingo. Cuando Jesús ascendió, la muerte en sí misma yacía muerta. Todo lo demás que sea horrible será bueno por el lugar al que se dirige. Bienvenidos al Ejército de Dios.

Estos sermones y los diálogos en los que participa el padre Paul lo revelan como un hombre misterioso y oscuro al que reconocemos su bondad, pero también su maldad. Mediante sus actos vemos una subversión de lo maldito a lo sagrado, de lo horrible a lo celestial. Su soliloquio es sincero, y sus intenciones, buenas; pero con un primer vistazo ya sabemos que se trata de un fanático religioso, de una persona que manipula las Escrituras para creerse y expandir su propio dogma. Y, con un segundo vistazo, con la serie terminada, vemos mucho más. A diferencia del soliloquio de Riley, el sermón del padre Paul no da puntada sin hilo. Cada frase esconde un significado potente y coherente con el tema principal de la serie. Es un discurso denso en su significado, a diferencia, de nuevo, del de Riley.

MISA DE MEDIANOCHE: CONCLUSIONES

Misa de medianoche nos habla de la redención, la fe, el fanatismo. De cómo la religión no siempre redime. De cómo los actos y la voluntad nos definen más allá de nuestras creencias y nuestra devoción. Y lo hace a través del materialismo de Riley y de la fe ciega del padre Paul, reflejados ambos en los soliloquios expuestos. Con sus aciertos y sus fallos, con sus personajes principales y secundarios, Mike Flanagan construye una serie de terror sin sustos ni tensión trepidante.


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