Título de la obra: De la masticación de los muertos en sus tumbas
Autor: Michael Ranft
Traducción: Sara Hernández Pozuelo
Editorial: La Felguera
Año de edición: 2024
Extensión: 268 páginas
Encuadernación: Rústica
PVP: 25,90€ (papel)
¿Pueden los muertos volver de la tumba para alimentarse de los vivos? ¿Por qué mantienen los cadáveres su frescura tras décadas inhumados? ¿Existen los vampiros? ¿Son estos enviados del mismo Satán? Estas preguntas atormentaban a la sociedad del siglo XVIII, asediada por las guerras y la enfermedad. Entre los cementerios llenos, la superstición campaba a sus anchas y decenas de historias terribles llenaban los periódicos. Con el fin de desterrar tales creencias, autores como Michael Ranft elaboraron minuciosos tratados acerca de estos supuestos necrófagos. Así nació De la masticación de los muertos en sus tumbas, un ensayo que trató de combatir el mito del vampiro y que se convirtió, sin quererlo, en un tesoro para los amantes de estas criaturas.

DE LA MASTICACIÓN DE LOS MUERTOS EN SUS TUMBAS, LA RECUPERACIÓN DE UN CLÁSICO
A finales de 2024, el sello La Felguera nos sorprendía con la publicación de una rareza. Se trataba del ensayo De la masticación de los muertos en sus tumbas, escrito por el pastor luterano Michael Ranft en 1728. Esta obra, surgida de la necesidad de erradicar las muy extendidas creencias en vampiros y difuntos reanimados, se había granjeado cierta fama en círculos ocultistas y literarios a lo largo de los siglos. No en vano, es sabido que el tratado alimentó la imaginación de algunas de las plumas más influyentes de la narrativa gótica y el género de ficción, convirtiéndose en un imprescindible para cualquier amante del mito vampírico.
Sin embargo, las bibliotecas de los lectores en español habían permanecido huérfanas de esta obra. Al menos, hasta hace apenas unos meses. Gracias a La Felguera, tres siglos después de que esta viera la luz, podemos subsanar esta falta. La publicación en castellano de De la masticación de los muertos en sus tumbas permite por primera vez que lectores (y autores) de nuestro país entren en contacto con la minuciosa disección que Ranft hace sobre los muertos resucitados y su incidencia en los vivos. Y cabe decir que la espera, si bien larga, ha merecido la pena. La obra llega a nuestras manos en una preciosa edición completamente ilustrada que dinamiza los detallados y exhaustivos análisis del autor.
Mención aparte merece la labor de traducción llevada a cabo por Sara Hernández Pozuelo. En su empeño por ofrecer una versión fidedigna al original, como ella misma explica en una nota introductoria, ha trabajado el texto desde la traducción francesa apoyándose en el original latino. Así, la citación de las obras que en este ensayo aparecen, así como el uso de las mayúsculas y cursivas para ciertos términos, busca reflejar con el mayor grado de semejanza la experiencia de acercarse a la obra original de Ranft. El mimo puesto en esta tarea se hace notar del primer párrafo hasta el punto final, convirtiendo la lectura en una cuidada experiencia de aproximación histórica.
RACIONALIZANDO AL VAMPIRO
Minucioso, pormenorizado y detallista. Definir el contenido que el lector puede encontrar en De la masticación de los muertos en sus tumbas requiere hacer uso de esos tres adjetivos. Ranft, quien además de pastor era un reputado filósofo e historiador, no escatimó en esfuerzos documentales e intelectuales a la hora de elaborar su ensayo, surgido como respuesta a un texto anterior del teólogo Philip Rohr. Entre otras cosas, porque desde el punto de vista del pastor luterano, el vampiro no es una criatura diabólica, sino una invención.
Con el fin de desterrar la idea de que tales entidades puedan existir, Ranft parte de un episodio particular de supuesto vampirismo. Se trata del caso del difunto Plogojovitz, que regresó de la tumba para alimentarse y matar a varios de sus vecinos. A lo largo de su ensayo, el autor referencia este suceso recogido por las autoridades húngaras como ejemplo. Un caso particular que sirve para diseccionar científicamente el por qué de la masticación de los muertos.
A fin de dar respuesta a lo, en teoría, inexplicable, De la masticación de los muertos en sus tumbas se dividió en dos disertaciones. La primera, centrada en la crítica histórica. La segunda, en cambio, focalizada en lo filosófico entorno a la figura del vampiro. Ambas se complementan y retroalimentan, aplicándose con cuidado sobre el caso Plogojovitz para ilustrar las explicaciones.
Durante la primera disertación, tal vez la más jugosa para el lector actual, se citan varios textos de índole diversa. Clásicos latinos, casos de supuesto vampirismo, testigos sobre cadáveres incorruptos… El objetivo es desterrar la creencia de que Dios o el Diablo estén involucrados en la masticación de los muertos. Es decir: eliminar la pátina maligna o divina de la supuesta resurrección. También trata de desmentir algunas ideas relacionadas con el fenómeno. Por ejemplo, la vinculación de ciertos animales a los muertos masticadores, el por qué de los sonidos inquietantes en las tumbas… O la relación, fundada, entre la presencia de vampiros y la llegada de grandes epidemias, un tema explorado en obras como Drácula o Nosferatu. Con un tono que es a la par académico y pedagógico, Ranft guía paso a paso al lector y le muestra las causas científicas que explican esos supuestos prodigios.

En la segunda disertación, el autor divaga sobre la naturaleza material del cuerpo y su vitalidad en ausencia del alma. Manteniendo el espíritu científico de la primera parte, Ranft justifica algunas reacciones del cadáver que le dan apariencia de vitalidad en base a condiciones, internas o externas, que permitan su conservación. Para el autor, la resurrección no es posible y cualquier aspecto extraño en un cuerpo muerto responde a causas naturales, nunca al prodigio o a la superstición. Sin embargo, el firme convencimiento del que Michael Ranft hace gala durante toda la obra parece flaquear en su cierre. Y he aquí la razón de que su tratado, uno más de los muchos que se dedicaron al tema durante el siglo XVIII, resulte tan relevante hoy día.
DE LA MASTICACIÓN DE LOS MUERTOS EN SUS TUMBAS COMO DISPARADOR CREATIVO
Pese a las buenas intenciones de Ranft, su obra, lejos de desterrar la superstición, se convirtió en combustible para la construcción vampiro. Como bien apunta La Felguera en la nota que precede a este ensayo, en lugar de disipar el temor hacia esos cadáveres reanimados, dotó a este pánico de una justificación casi científica. El análisis sobre los muertos masticadores y las conclusiones del autor, dieron una pátina de veracidad a ciertos elementos folclóricos. Que Ranft recomendase preventivamente decapitar y clavar una estaca en el pecho de los supuestos vampiros, solo sirvió para afianzar la creencia en estas criaturas. Algo bastante alejado del objetivo con el que redactó su obra.
De ella acabaron bebiendo otros textos, como el Tratado sobre los vampiros de Calmet. Esta obra fue responsable no solo de dar fama a la de Ranft, sino de tejer las bases del corpus de creencias que hoy día asociamos al vampiro. Sin pretenderlo, Michael Ranft dotó a los más crédulos del argumento definitivo para no retractarse al legitimar el uso los métodos supersticiosos como último recurso ante lo desconocido. No deja de ser ciertamente irónico que una obra tan crítica con las fantasías de las gentes terminase usándose para justificar la existencia de estas criaturas.
Pero no solo los contemporáneos a De la masticación de los muertos en sus tumbas sucumbieron a las detalladas explicaciones de Ranft. Décadas y siglos después, su obra se convirtió en un codiciado tesoro para los amantes del mito vampírico. Y también en la matriz que alimentó, directa o indirectamente, a muchos reputados autores de ficción. Polidori, Le Fanu, el propio Stoker… todos ellos bebieron de la obra de Ranft. E incluso escritores como H. P. Lovecraft, quien difícilmente pudiese consultar en vida un ejemplar por tratarse de una auténtica rareza, no se abstuvo de mencionar el título en varios de sus escritos.
Sabiendo esto, es imposible no preguntarse qué habría pasado con la literatura gótica en España de haber resultado este texto más accesible unos siglos antes. Como tampoco puede evitarse especular sobre cuáles serán sus efectos en los autores nacionales que se acerquen a él a partir de este momento. ¿Puede que siga engrasando los ejes de las historias de vampiros trescientos años después de su surgimiento?

En conclusión, De la masticación de los muertos en sus tumbas es una lectura única, adecuada para curiosos y amantes del mito del vampiro. Un ensayo que se presta a satisfacer tanto a quienes gustan de la disertación científica, como a los amantes de la historia y la antropología. Eso sin mencionar los extraordinarios (y probados) efectos que su lectura provoca en autores sedientos de nuevos disparadores creativos. Que sus trescientos años no detengan a las mentes ávidas de acercarse a esta cuidada edición que nos ofrece La Felguera. No todos los días podemos degustar una obra que, en cierto modo, fue vampirizada y «convertida» por el objeto de estudio al que trató de arrebatarle su poder.
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