X-Men: Días del futuro pasado

TOP 10: Las mejores distopías cinematográficas (Novena entrega)

Por Marcos Rafael Cañas Pelayo
0 comentarios 10 minutos de lectura
A+A-
Resetear

Las distopías nunca han faltado en el surtido que oferta la ficción en cualquier formato. Nacieron en la literatura, mediante fábulas tan absorbentes como la de Gulliver y sus inquietos viajes, los cuales le permitieron conocer sociedades tan alejadas como inquietantemente familiares en algunos compases. Si Tomás Moro forjó el concepto de la Utopía como un ideal inalcanzable al que se debía aspirar, la Distopía se muestra como la lógica prolongación de esa idea que puede ser deformada y convertirse en un cuento con moraleja, el grito de socorro antes las dimensiones más inquietantes del presente en el que nos movemos.

El séptimo arte es el trampolín perfecto para que esa mirada al horizonte sea impactante y depare momentos tan inolvidables como el monólogo final de Blade Runner. En Windumanoth hemos querido jugar a hacer un podio muy particular, un altar a futuros inciertos que ocuparan diez películas. Hay pocos recelos en que cada una de ellas merece estar, si bien se han quedado otras en el tintero que en nada las habrían desmerecido.

El orden se basa simplemente en la cronología de su aparición en las carteleras. Con una bolsa de palomitas, entren libremente y por propia voluntad en esa bola de cristal del celuloide que nos advierte sobre nosotros mismos. En entradas anteriores os hablamos de Metrópolis, de El planeta de los simios, de La naranja mecánica, de Blade Runner, de 1984, de Robocop, de Terminator 2 y de Akira. Hoy os hablaremos de…

X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO

Días del futuro pasado

Cartel original (2014)

John Byrne no pensaba que hubiera villanos realmente ridículos. Únicamente equipos artísticos incapaces de darles verdadera aura. El autor de origen inglés y raigambre canadiense solía poner como ejemplo al Jefe de Pista y su banda circense: unos antagonistas que casi servían de alivio cómico en el universo Marvel, pero él nunca olvidó como Jack Kirby y Stan Lee los presentaron en uno de los primeros cómics de Hulk como algo misterioso, una nómada organización que dejaba oscuridad a su rastro. Ya convertido en el dibujante estrella de La Patrulla X, nuestro protagonista estaba obsesionado con los Centinelas, unos robots de apariencia grotesca que apenas parecían un desafío para los mutantes. No obstante, él rememoraba que un dibujante como Neal Adams los había hecho majestuosos mientras intentaban acabar con el mismísimo Sol, la causa original que provocaba el nacimiento del homo superior de la Casa de las Ideas.

Eran los días donde expiraba la primera mitad de la década de los ochenta. Chris Claremont, el guionista del título de los pupilos de Charles Xavier, estaba completamente fascinado porque pronto sería 1984, el año fatídico en la distopía de George Orwell. Si bien protagonizaban un matrimonio a la italiana por sus discrepancias de tratamiento con los personajes, sazonado con la supervisión editorial de alguien con el temperamento de Jim Shooter, los dos artistas abrazaron la posibilidad de hacer algo en un futuro próximo desolador donde los Centinelas tendrían mucho que decir.

Como resultado llegó una odisea que se daba entre un presente de tensión política propiciada por el senador Robert Kelly, alguien genuinamente preocupado por el surgimiento de una generación de hombres y mujeres con habilidades distintas. Ferrán Delgado, autor de la artesanal y magnífica revista especializada Plot 2.0 ha logrado desentrañar en el número 8 de su publicación (noviembre de 2016) las muchas confusiones alrededor de la autoría de conceptos de una pequeña saga con título inigualable: Días del futuro pasado.

Portada de ‘The Uncanny X-Men Vol. 1 #142’ (1981)

Copiar a los mejores

Bryan Singer retomaba los mandos y volvía a colocarse detrás de las cámaras. Estamos en 2014 y todavía parecen lejanos los sucesivos escándalos que salpicarán al polémico director. En aquellos compases, el fandom superheroico respira aliviado por el retorno de Singer, quien había sido la batuta del mejor casting que el dinero podía comprar (Hugh Jackman, Patrick Stewart, Famke Jansen, Ian McKellen, etc.) para revolucionar la estética de la X marvelita en las salas de cine. X-Men (2000) supuso colocar chaquetas de cuero molonas a los uniformes que solamente podían funcionar bien en las viñetas, una actualización de la leyenda que tuvo una secuela más que digna.

Entonces llegó X-Men 3: La decisión final (2006). Una auténtica papeleta para el hombre que tuvo que dirigirla, Brett Ratner, donde la emblemática saga de Fénix Oscura era resumida entre muchos ruidos y explosiones, en un blockbuster con decisiones tan controvertidas como el destino final de Scott Summers. Entre spin offs de Lobezno para mayor gloria del carismático y descamisado Hugh Jackman, la franquicia de los mutantes deambulaba sin mayores alegrías que un excelente y audaz precuela que sería bautizada como X-Men: Primera generación (2011), con unas versiones juveniles de la trinidad Charles Xavier-Magneto y Pícara con mucho gancho: James McAvoy, Michael Fassbender y Jennifer Lawrence.

Matthew Vaughn había sido el sagaz arquitecto de aquel operativo retro y, de igual forma, uno de los instigadores junto a Jane Goldman y Simon Kinberg para resucitar el proyecto por todo lo alto: fusionar a lo mejor de las dos generaciones mutantes en una cinta que las aglutinase. Por el camino, las paradojas temporales permitirían corregir los puntos menos claros de todos los filmes. En el cajón estaban los cómics de Byrne y Claremont, unas páginas donde Kitty Pryde conseguía utilizar sus poderes para trasladar su mente de un futuro desolador (con campos de concentración y bandas salvajes de humanos en New York) para evitar que la renacida Hermandad de Mutantes Diabólicos acabase con Kelly y desencadenara una paranoia contra su propia especie.

Días del futuro pasado

Singer veía las múltiples posibilidades que se brindaban y, en honor a la verdad, se consiguió convocar a las primeras espadas de ambos castings. James McAvoy había encarnado en Primera generación a un Charles algo frívolo, soñador y convencido de que su don telepático le permitiría alcanzar sus objetivos. Ahora lograría conectar con su yo del futuro, interpretado por el siempre carismático Patrick Stewart, aprendiendo cuál es el verdadero precio de ser el mentor de una camada de niños y niñas prodigio, con el potencial para ser deidades y el miedo del diferente.

Y es que todo en aquel estreno de 2014 funciona. Con mucha ambición, el largometraje abandona a la omnipresente New York para mostrar a los hombres y mujeres X arrinconados en un remoto monasterio de la milenaria civilización China. Tras años guerreando entre sí, Magneto y Xavier han debido firmar la paz para auxiliar a los suyos en una realidad plagada de Centinelas que ya nunca más serán robots ridículos: ahora son unas frías máquinas perfectas que pueden absorber al instante las habilidades de sus presas. Virtualmente, imbatibles.

Peter Dinklage, ya aupado por su memorable Tyrion en la pequeña pantalla para Juego de tronos, encarnaba al arquitecto de aquel infierno: el industrial e inventor Bolivar Trask. Pese a su físico poco imponente, el verdadero ángel exterminador del homo superior, puesto que un intento de asesinato de Raven/Mística le permitió hacerse con el ADN de la mutante, incluyendo su capacidad de adoptar otras formas. A diferencia de Claremont y Byrne, quienes la concebían como una superterrorista que iba a heredar el rol de Magneto en la lucha contra la humanidad, la Raven de Jennifer Lawrence es una auténtica heroína, si bien radical en sus postulados.

Los sucesos terribles que arrinconaron a los protagonistas en Asia con despliegues defensivos de Tormenta, un envejecido Erik Lehnsherr y Bishop (Omar Sy lo encarna con mucha solvencia y es una pena que no disponga de más metraje) tuvieron su punto de origen en plena Guerra Fría, con los Estados Unidos aceptando retirarse de a nefasta guerra del Vietnam. La banda sonora de John Ottman aplica con sabiduría las dosis precisas de nostalgia, dando un alivio cómico a una historia ya de por sí trágica e intensa.

En su momento, Byrne había tenido muy presente su lectura de The Quatermass Conclusion (1989) de Nigel Kneale, además de tener muy presente el capítulo «El día de los Daleks» de la mítica cabecera Doctor Who. Ideas distópicas excelentes que luego Claremont supo sazonar con alta política en Washington. La cinta de Singer incide en ello, colocando el viaje al pasado en plenos días de la administración de Richard Nixon, el controvertido presidente que inspiró a Steve Englehart para su aclamada saga El Imperio Secreto con el Capitán América revelando las miserias de su clase dirigente.

Matt Sloan, Richard Stammer, Cameron Waldbauer y otros artesanos consumados de efectos especiales pusieron lo mejor de sí mismos para la amenaza de los Centinelas, auténticos ángeles de la muerte para una especie. Si Byrne había conseguido conmover con los últimos rayos de Tormenta o el lanzamiento final de la dupla Coloso-Lobezno, X-Men: Días del futuro pasado no se queda atrás a la hora de conmovernos con esa batalla desesperada en el futuro aciago con una mirada de fe hacia las décadas pasadas, a las oportunidades perdidas.

No todo pueden ser loas y hay algunas decisiones de tono taquillero que traicionan un tanto a la mitología original. Elliot Page era una elección perfecta como Kitty Pryde y volvió a brillar como una de las mujeres X, pero en la adaptación cinematográfica no lograba el mismo peso que tuvo en los dos cómics distópicos. Si en las viñetas viajaba al pasado para poner en riesgo incluso su felicidad conyugal (era una realidad donde se había casado con Coloso) en aras de alterar la línea temporal, aquí será quien se encargue de sostener el cuerpo de Logan en aras a hacer esa migración de almas entre épocas. Estaba claro que Hugh Jackman era la estrella más consolidada de la franquicia y que se lo iba a exprimir al máximo.

Si bien eso adultera una parte importante de la mitología, es cierto que Jackman vuelve a brindar una sólida estampa como el mutante de las garras, además de permitirse una curiosa conversación en pleno vuelo con la versión joven de Magneto (Michael Fassbender). Curioso al conocer a alguien de tiempos que le son lejanos y que le ha combatido en muchas ocasiones, el amo del magnetismo pregunta a Arma-X cómo le va a ir en tantos futuros combates contra los hombres y las mujeres que comparten la filosofía de Charles Xavier. “Eres duro de pelar, como yo. Un superviviente”, admite con un deje de admiración Lobezno.

Si bien es tramposa en varios momentos de su ejecución, Días del futuro pasado (2014) es un cebo en el que el fandom de este universo cae gustoso, igual que lo haría posteriormente con las barrabasadas multiversales de la trilogía de Deadpool. A diferencia de la crepuscular Logan (2017), la cinta de Singer no renuncia a tener un último tono positivo, pese a colocar a sus personajes al límite. Especialmente Raven y Eirk serán llevados a mirar al abismo, mientras Charles Xavier encuentra finalmente cuál es su causa y papel en el mundo.

Apariciones secundarias estelares como la de Pietro (Evan Peters) tuvieron tanto gancho que incluso Disney+ lo aprovechó para un crossover encubierto en la rupturista WandaVision (2021). Probablemente, el único error de Singer fue querer hacer una continuación demasiado prematura de Días del futuro pasado con otra amenaza desasosegante: Apocalipsis (2016). Basada en una de las más solventes y mejor ejecutadas realidades alternativas del homo superior, trasladada al presente de una forma más anodina hizo que no tuviera esa sensación de urgencia y clepsidra del tiempo a punto de romperse que era su predecesora… con esa comunidad de antiguos rivales luchando codo con codo en monasterios ancestrales contra la destrucción.


Si disfrutas de Windumanoth, te invitamos a valorar el apoyarnos en Patreon, puedes hacerlo desde tan solo 1 € al mes. Echa un vistazo a nuestras recompensas y considera unirte al grupo de amigos que hacen posible que este proyecto exista.

Become a Patron!

También te puede interesar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.