
James A. Castillo, director de ‘El fantasma de la Quinta’, cortometraje ganador del premio Méliès de Plata.
Por encima de Velázquez y Picasso, Francisco de Goya emerge a mis ojos como el artista que «mejor» sufrió las luces y las sombras de la historia de España. Su pintura no alcanzó la precisión académica del autor de Las lanzas, ni tampoco la revolución formal del talento malagueño; sin embargo, ninguna otra mirada plasmó con tanta sensibilidad el pulso de un país dividido entre la razón y la locura. En su obra confluyen el amor y el desprecio por la patria, también la ternura y la pesadilla… pero, cuando el Genio se me viene a la cabeza, es su oscuridad la que acaba por partirme el alma en dos.
Porque, precisamente inmerso en una espiral de decadencia física y tormento, Goya encontraría su expresión más radical en las paredes de la Quinta del Sordo, allá donde ejecutara sus ínclitas Pinturas Negras, todo un exorcismo pictórico contra los fantasmas del pasado que lo ayudaría a anticipar movimientos como el expresionismo o el surrealismo.
Pues bien, el hispano-cubano James A. Castillo ha conquistado el Méliès de Plata al Mejor Cortometraje de Género Fantástico, otorgado en el Festival de Sitges 2025, gracias a El fantasma de la Quinta, una obra que reconstruye ese instante límite en el cual arte y locura terminan fusionándose entre sí. Lo acompañaban el co-guionista Julio A. Serrano y el productor ejecutivo Raúl Rocha, quienes también conversaron con nosotros sobre los recovecos más inaccesibles del Pintor de Fuendetodos.
Felicidades, porque no es absurdo plantear que este corto es la mejor aportación audiovisual al mito de Goya hasta el día de hoy. ¿Por qué surgió la idea de recrear la etapa de la Quinta del Sordo?
James A. Castillo: Porque es la etapa más magnética y secreta de la vida de Goya. Estaba literalmente atrapado en la casa, apenas salía y no hay diarios que puedan explicar lo que pudo pasar allí… salvo su arte. Eso nos dio la posibilidad de sembrar las semillas de la ficción sin temor a contradecir lo estrictamente histórico. Mi idea como realizador al regresar de Estados Unidos era tocar un tema de terror, pero relacionado con el arte, así que creo que Goya se puso delante de mí como un tótem para darme la posibilidad de hablar de todos estos temas. Fíjate que además cualquier etapa de la vida de Goya ya habla de identidad de clase, de la monarquía española, de la Inquisición, así que se trata de un personaje que te permite, casi como ocurre en un caleidoscopio, reflectar en cualquier dirección.

Aquí James A. Castillo pervierte una de las bases compositivas clave de la pintura universal: el bodegón.
No suelo ser muy partidario de la animación CGI porque la considero vacía (me refiero a algunos trabajos de Pixar, DreamWorks…), pero vosotros habéis conseguido insuflarle una textura casi pictórica.
Raúl Rocha: Paradójicamente, las técnicas son exactamente las mismas que las de Pixar o DreamWorks, pero sí es cierto que el resultado es muy diferente. En este caso concreto partimos del arte de James, que tenía super clara la estética que quería explotar en el cortometraje. Desde el principio se inspiró en la técnica de Goya, sobre todo en esos trazos que comentas tú a la hora de plasmar la luz. En el estudio, lo que intentamos fue trasladar al mundo digital todo ese caudal. Aunque el público no lo crea, son procesos muy artesanales que después se integran en el ordenador para intentar darles el toque final. Es decir, hay cantidad de gente pintando de una forma convencional para que después podamos trasladar esos volúmenes al 3D. Lo estoy repasando mentalmente y usamos un montón de técnicas, quizá la más compleja fue a la hora de recrear los fantasmas.
James A. Castillo: Por complementar un poco la respuesta de Raúl, tengo que decir que, por un lado, existe una parte histórica del propio Goya y, por el otro, una pictórica que tampoco puede ser ignorada. Sumergirte en Goya implica conocer toda su obra y, a partir de ahí, destilar tanto las composiciones como las paletas de color, el tipo de texturas, el uso de la luz… e intentar que toda la identidad gráfica del corto no sea un pastiche de Goya, pero sí que se entienda como algo goyesco.
La narradora es Maribel Verdú, que ha participado en otros proyectos relacionados con el genio de Fuendetodos, como pueden ser «Goya en Burdeos» o la serie «Cuando nadie nos ve». ¿Cómo fue el fichaje de esta actriz y por qué pensasteis que podía ser adecuada para darle voz a la Quinta del Sordo?
Julio A. Serrano: Cuando estábamos escribiendo el guion pensamos mucho cuál sería la voz adecuada para esa casa. Habíamos llegado a la conclusión de que no queríamos un hombre, porque quizá la gente concluyera que era la voz del mismo Goya reflexionando. Cuando pensamos en voces femeninas que pudieran transmitir ese tono dolido, melancólico, que fuera como una carta que el propio edificio le escribe a Goya, Maribel Verdú fue el primer nombre que a todos nos vino a la cabeza.
James A. Castillo: De hecho, hicimos pruebas con monólogos de Maribel pertenecientes a otras películas para comprobar cómo empastaban con las imágenes y el consenso fue instantáneo. Y después trabajar con ella fue muy fácil porque es sorprendentemente accesible. Contactamos a través del correo electrónico y le explicamos cómo era el proyecto y por dónde queríamos que fuese. Unos días más tarde quedamos para comer y le terminé de perfilar mis sensaciones y la parte emocional del proyecto, y se enamoró del guion. Desde luego, Maribel fue muy generosa con su tiempo y por concedernos ese talento que atesora, porque ha elevado el nivel de la obra un mogollón.
En general me interesa muchísimo la totalidad del corto, pero hay un momento que me ha llamado especialmente la atención: me refiero a la secuencia del toro sangrando. Goya se ha solido interpretar como un amante de los toros (de ahí su serie de grabados «La tauromaquia»), si bien la energía que me habéis transmitido es la de una alegoría de España, un país cainita y decadente, que se mutila a sí mismo y se desangra.
Julio A. Serrano: Nos alegra una barbaridad que le hayas dado ese sentido a la escena porque es justo lo que pretendíamos. El plano del toro es una idea que existía incluso antes de los primeros storyboards. Es una imagen que tenía James en su cabeza y pensamos que era tan potente que teníamos que incluirla.
James A. Castillo: De hecho, fue la primera secuencia que llevamos a cabo y se convirtió rápidamente en el catalizador para que Goya pudiera cambiar. En suma, que evolucionase de un personaje pasivo, que al principio siempre era la víctima de los fantasmas, a ser alguien capaz de reaccionar ante ellos.
Julio A. Serrano: Porque realmente todos esos fantasmas que acosan a Goya responden a toda su trayectoria de vida en España. Francisco de Goya era un activista, era crítico con la Iglesia, crítico con el pueblo, crítico con la monarquía… y, sobre todo, en la etapa anterior a la Quinta él peleó mucho para intentar mejorar la situación usando su influencia con personas de primer nivel. Entonces, representar ese toro como símbolo de esa España herida, traduce el momento en que Goya lo abraza y se compadece en el motor que lo hace avanzar. Es la necesidad de gestionar todos esos sentimientos que siente por España y exorcizarlos lo que convierte esa escena en el corazón del cortometraje.

¿Tenéis miedo a que el corto no sea entendido por quienes desconozcan la vida de Goya?
James A. Castillo: Nos daba más miedo al principio, cuando todavía no lo había visto nadie. Claro, todos nosotros hemos tendido a creer que la cultura general sobre Goya es alta, pero cuando nos dispusimos a estrenar el corto en Nueva York sí tuvimos un pellizco en el estómago. Teníamos miedo de que todos esos americanos no entendieran tanta cantidad de símbolos, metáforas, referencias crípticas a la historia de España… Para nuestra sorpresa, eso no ocurrió. Desde el principio tuvimos la voluntad de que el corto fuera consumible incluso sin tener idea de la vida de Goya… de hecho el nombre de Goya nunca se menciona en el corto. Nuestra historia se puede entender como la soledad de un pobre señor mayor que tiene que contrarrestar una serie de traumas concretos mediante la única forma posible que él tiene: pintar. Así que en esa línea tan sencilla ya funciona. Claro, si encima sabes quien es Goya, lo que haces es elevar la historia cada vez más.
Raúl Rocha: Hay otra visión de todo esto que para mí es preciosa. Habrá mucha gente que, sin conocer demasiado sobre la vida de Goya, vea el corto y le despierte el interés hacia el personaje. Que vaya al Prado, que lea sobre su vida…
James A. Castillo: Sí, es más, yo tengo familiares que han visionado el corto antes de ver las Pinturas Negras en el Prado y volvieron fascinados, porque ya tenían el contexto para entender toda la complejidad del trabajo que hemos realizado.
Por último, explicadme qué habéis sentido al reproducir la pintura de este genio en vuestro corto.
Raúl Rocha: Aunque hubiéramos podido hacerlo, nunca quisimos vampirizar al maestro… No hemos realizado un pastiche de cuadros de Goya, sino que hemos hecho una reinterpretación con nuestro estilo personal.
James A. Castillo: Sí, porque Goya nos pertenece a todos… El deber de toda generación es reconectar con estos símbolos culturales y en ese sentido me he sentido muy cómodo. Además, ha sido un desafío que nos ha llevado a explorar el arte de este autor descomunal. Ahora, por ejemplo, nos han invitado a los tres a la Academia de Bellas Artes de San Fernando para ver muchos de sus grabados, así que como frikis de Goya que somos no podemos estar más contentos.

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