Título de la obra: La tercera regla de los viajes en el tiempo
Autor: Philip Fracassi
Traducción: Jesús Cañadas
Editorial: Obscura
Año de edición: 2025
Extensión: 360 páginas
Encuadernación: Rústica con solapas
PVP: 21,90€ (papel) / 9,00€ (digital)
Con algunos escritores me ocurre que los tengo asociados a un género. Y, en el caso de Philip Fracassi, ese género era el terror. Antes de esta novela había leído sus dos colecciones de relatos: Contemplad el vacío y Bajo un cielo lívido (ambas publicadas por Dilatando Mentes). Y si bien en las antologías siempre hay cuentos (o novelas cortas) que me gustan más que otros, en ambas podría destacar varias historia excelente. Las suficientes como para que quisiera leer, desde hace tiempo, alguna novela del autor.
Lo cierto es que, en castellano, opciones no faltan. Sin ir más lejos, Dilatando Mentes ya ha publicado Los chicos del valle y Gothic (ambas, por cierto, al igual que las antologías, con traducción de José Ángel de Dios). Pero, por distintas razones, todavía no he podido hincarles el diente, así que, cuando a finales del año pasado Obscura anunció que publicaría una novela de Fracassi (¡¡y sobre viajes en el tiempo!!), supe que había llegado el momento de cerrar esa asignatura pendiente.
EL TIEMPO Y LA MEMORIA
Beth Darlow, la protagonista de la novela, ha desarrollado los algoritmos cuánticos que hacen posible el viaje en el tiempo. Un viaje determinado por tres reglas:
Regla Número Uno: Solo se puede viajar a puntos de llegada situados en la vida previa de quien viaja. Dichos puntos de llegada son aleatorios.
Regla Número Dos: Quien viaja tiene solamente energía suficiente para mantener el contacto con el mundo de llegada durante, aproximadamente, noventa segundos.
Regla Número Tres: Quien viaja no tiene la capacidad de interactuar con el mundo de destino; quien viaja solo puede observar.
Basta con transcribir estas reglas (expuestas en el primer capítulo) para comprender que el desplazamiento temporal propuesto en el libro es una traslación de la consciencia al pasado del viajero.
Como jefa del equipo que ha desarrollado la máquina, es la propia Beth quien se somete a las pruebas, es decir, quien viaja a su pasado. El problema es que el pasado de Beth no ha sido fácil. En la adolescencia perdió a sus padres y a su hermana en un accidente aéreo y, un año antes del inicio de la historia, perdió a su marido (y colega de investigación) en un accidente de tráfico. Así que los recuerdos a los que la enfrenta la máquina no son precisamente agradables. Y, por si fuera poco, Beth debe cuidar de una hija de cuatro años y hacer frente a las demandas y conspiraciones de la empresa para la que trabaja.
La suma de estos elementos bastaría para atraer al lector, pero Fracassi decide agregar uno más. Porque La tercera regla de los viajes en el tiempo (es decir, aquella que plantea que «quien viaja solo puede observar») no es tan precisa como Beth supone y (aquí transcribo la sinopsis) «cuando su presente empiece a quebrarse, deberá emprender una carrera contrarreloj para encontrar el modo de repararlo antes de que la realidad que conocía se desvanezca para siempre».

Philip Fracassi
MEZCLA DE GÉNEROS EN LA TERCERA REGLA DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO
Al margen del interés que despierte el argumento, cuando un lector de ciencia ficción escucha las palabras «viajes en el tiempo», lo que espera es que dichos viajes sean tratados de forma original. Así que, a partir de aquí (y evitando hacer spoilers) expondré los motivos por los que considero que Fracassi lo ha logrado.
El primero tiene que ver con el espacio que les dedica dentro del libro. En la mayoría de novelas de este tipo, la narración de lo que ocurre durante el viaje compone el grueso de la historia. Aquí, los viajes en el tiempo (que apenas duran noventa segundos) ocupan contados capítulos en una novela que, básicamente, sigue el día a día de la protagonista. Esto no implica que los desplazamientos temporales no sean el motor de la trama, pero, al no centrarse en los viajes en sí, la novela consigue ir saltando entre diversos géneros.
El texto de contracubierta nos dice que La tercera regla de los viajes en el tiempo es «un thriller magistralmente articulado, frenético y conmovedor». Y estoy de acuerdo. De hecho, por momentos me ha recordado a los thriller corporativos que Michael Crichton escribió a principios de los noventa (pienso en Sol Naciente, por ejemplo).
Pero, además (como buena novela de Fracassi), por momentos también es una obra de terror. El relato de los viajes al pasado (las únicas partes escritas en primera persona) consiguen trasmitirnos la angustia de Beth y, en sus pesadillas, el autor libera un imaginario entre gore y surrealista que ya le conocía de los relatos. Pero los elementos de terror no quedan allí. A lo largo del libro, Fracassi introduce elementos propios del terror sobrenatural, como las apariciones o el horror cósmico, en un contexto científico, lo que les brinda una interesante racionalidad.
Y, sobre todo, La tercera regla de los viajes en el tiempo es una novela de ciencia ficción.
LA BASE CIENTÍFICA DE LA TERCERA REGLA DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO
En mi opinión (y sé que es probable que no la compartas), el hecho de que una novela gire en torno a los viajes en el tiempo no significa, necesariamente, que sea de ciencia ficción. Creo que para que pueda considerarse dentro del género es necesario que la parafernalia del viaje tenga cierto viso de verosimilitud científica: ya sea porque la historia se desarrolle en un entorno científico o tecnológico convincente, o porque contenga un intento (por muy disparatado que sea) de fundamentación.
Y ambos elementos están presentes en la novela de Fracassi.
Para empezar, el libro se desarrolla en 2044. Y el modo en que expone ese near future es sin duda verosímil. Al tiempo que sugiere que la tecnología de los ordenadores cuánticos se ha desarrollado exponencialmente (y con ella distintas áreas de la ciencia), en el entorno de los protagonistas, los cambios que propone son apenas llamativos. Como lo es para la mayoría de nosotros el cambio en la percepción del entorno respecto a 2005, por mucho que la tecnología (y nuestros hábitos sociales) se hayan transformado de forma radical.
Pero lo que define a La tercera regla de los viajes en el tiempo como una novela de ciencia ficción es la seriedad con la que aborda sus fundamentos científicos y las incertidumbres que estos conllevan.
En los agradecimientos, Fracassi reconoce que:
La máquina del tiempo que he creado para este libro se inspira en las obras e ideas de Michio Kaku y Kip Thorne.
Con Kaku, incluso, Fracassi mantuvo una entrevista vía Zoom en la que le preguntó sobre la viabilidad de algunas de sus ideas (aunque esa parte no la transcribiré porque contiene unos cuantos spoilers). Lo que sí me interesa destacar es que las claves del tipo de viaje que propone son expuestas de forma clara en la propia novela sin necesidad de recurrir a infodumps. De hecho, la historia brinda una justificación más que convincente a la necesidad de explicar en qué consiste la máquina.
INCERTIDUMBRE
Fracassi agrega un punto extra de realismo a esa explicación.
La tecnología de los viajes en el tiempo descrita en el libro se encuentra en fase de desarrollo. A sabiendas, Beth es una suerte de cobaya en unos experimentos de los que desconoce muchas variables y que generan más preguntas que respuestas. A lo largo de la novela, descubrimos que las reglas descritas al principio son más «hipótesis de trabajo» que certezas. Y, como ocurre en toda investigación científica, muchas veces los procesos no se desarrollan como se había previsto.
Lo interesante es que Beth, como buena científica (y con ella nosotros, como buenos lectores), va desarrollando nuevas hipótesis ante cada cambio de paradigma. Hipótesis que van desde lo esotérico hasta lo estrictamente racional y que nos obligan a preguntarnos, a cada momento, qué es exactamente lo que ocurre.

COHERENCIA
Si algo define a una buena novela de viajes en el tiempo es la coherencia. Por muy delirante que sea la propuesta, por muchas paradojas y discrepancias que exponga, al cerrarse, estas deberán ser justificadas por una coherencia mayor. Una lógica abarcadora que, en muchos casos, no se desvela hasta el final del libro.
La tercera regla de los viajes en el tiempo aprovecha esta característica para proponerle un juego al lector. Como comenté en el apartado previo, la incertidumbre respecto a lo que realmente sucede está presente en toda la novela. La protagonista plantea hipótesis de trabajo que el lector deberá contrastar con lo que está leyendo y ver si cuadran… Y, por supuesto, la piedra de toque que deberá emplear es la coherencia.
Sobre esto, como es lógico, no puedo decir más, pero te aseguro que el juego que propone, sumado al ritmo de thriller con el cual se desarrolla, convierten la lectura en algo muy disfrutable.
LOS PERSONAJES DE LA TERCERA REGLA DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO
Por muy rompedoras que sean las ideas expuestas en una novela, me resulta casi imposible dejarme absorber por una historia cuyos personajes son apenas esbozos. Pero eso no ocurre en La tercera regla de los viajes en el tiempo. Tanto Beth como la mayoría de los secundarios que la acompañan son personajes poliédricos, complejos y creíbles con los que resulta fácil identificarse.
En ese sentido, es importante destacar el trabajo de traducción de Jesús Cañadas que, al introducir expresiones del castellano coloquial en unos diálogos por lo demás ajustados a las convenciones del thriller, nos acerca un poco más a los protagonistas.
Solo un personaje no me ha convencido: Jim Langan, el dueño de la corporación para la que Beth trabaja. Pero, si bien su unidimensionalidad le resta verosimilitud a cierta escena importante, eso no desvirtúa la calidad del conjunto.
DISTANCIAS LARGAS
He disfrutado mucho este primer acercamiento a una novela de Philip Fracassi. Lo que no siempre sucede porque, que te gusten los relatos de un escritor no significa, necesariamente, que logre atraparte en distancias más largas. Espero leer pronto sus obras de terror. Mientras tanto, te recomiendo esta magnífica novela de ciencia ficción. Una aventura a ritmo de thriller que desafía al lector en cada capítulo y en la que, además, Fracassi plantea múltiples reflexiones sobre la memoria, el vínculo con el pasado, las prioridades vitales y la estructura del tiempo.
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