Reseña: Rojamuerte

Por Alister Mairon
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RojamuerteTítulo de la obra: Rojamuerte
Autores: Claudia Laforet
Editorial:  Ediciones T&T
Año de edición: 2026
Extensión: 558 páginas
Encuadernación: Rústica con solapas
PVP: 25,00 € (papel)


A veces, abandonar la vida parece el único camino. Dejarse morir es la solución que algunos ven tras una vida de padecimiento, pérdida y violencia. Sin embargo, a menudo el destino tiene otros planes. Incluso para aquellos que se resisten a acatar la voluntad de dioses y hados. Con esta premisa arranca Rojamuerte, la última novela de Claudia Laforet editada por Ediciones T&T.

LA MUERTE COMO BÁLSAMO… Y CONDENA

Lazor quiere morir. Esta es la certeza con la que arranca Rojamuerte, de Claudia Laforet. Su protagonista, un drazir perseguido por un pasado atroz, solo busca abandonar este mundo y dejar de sufrir. Sin embargo, el destino lo lleva a cruzarse fortuitamente con dos mujeres que deciden salvarle la vida. Obligado por su intervención a continuar respirando, Lazor halla en la venganza un nuevo motivo para seguir andando la tierra. Aunque, pronto, estas motivaciones serán puestas a prueba.

Acompañado por Mircea, una caminante, y la tabernera Rona, Lazor emprende un periplo para encontrar a aquellos responsables de destrozarle la vida. No le importa lo que ocurra con esas dos mujeres, a quienes culpa de haberle privado del eterno descanso. Sin embargo, conforme comparten camino y campamento, la concepción del drazir acerca de sus compañeras empieza a cambiar. Y con ello, también se tambalean sus ideas acerca de los humanos, una raza a la que odia sobremanera.

No se trata de un desprecio gratuito ni fruto del desprecio crónico que Lazor parece manifestar hacia cualquier forma de vida. Una característica de carácter que resalta la influencia de la obra de Carlos di Urarte, autor del prólogo, en esta novela. A lo largo de su existencia, debido a su condición de mestizo, el drazir ha experimentado toda suerte de violencia y vejaciones por parte de los seres humanos. No en vano, ven en él a una especie de monstruo caníbal, un engendro a medio camino entre el vampiro y el dragón capaz de obrar toda clase de crueles hazañas. Aunque, como se verá a lo largo de Rojamuerte, esos escrúpulos acerca de la naturaleza drazir son un acto de gran hipocresía por parte de la humanidad.

Claudia Laforet

DE DIOSES Y GUERRAS EN ROJAMUERTE

A través del propio Lazor, narrador de las casi quinientas páginas, la autora nos lanza a descubrir un mundo asolado por la guerra y los perjuicios. Mediante las fragmentarias reflexiones del protagonista, sabemos acerca de un exterminio perpetrado por los drazir por mandato de los humanos. Tiempo atrás, estos seres fueron utilizados para exterminar a otra raza que habitaba el los bosques, los draugr. Estos últimos, equiparados con demonios, fueros barridos de la faz del mundo debido al ansia expansionista de los seres humanos. Y los drazis se prestaron a ello, confiando en que su hazaña sería recompensada.

Décadas después, son los propios drazir lo que reciben ahora el desprecio y las ansias homicidas de la humanidad. Las mismas gentes que no tuvieron reparo en utilizarlos como avanzadilla ahora les dan caza para exterminarles. O para obrar toda suerte de malas artes a través de la nigromancia. E incluso para ungir con su sangre las espadas con el fin de honrar a los dioses.

Y es que, además de las guerras terrenas, con motivaciones tangibles, el universo de Rojamuerte está atravesado por poderes divinos. Las deidades no son entes etéreos, sino que tienen verdadera agencia en la tierra. Y cada una de estas entidades se comporta acorde a su naturaleza. Hay dioses de talante benigno y protector, como Iwa, la señora de las cascadas a la que Rona reverencia. Pero también hay dioses retorcidos, como el Dios Muerto, a quienes los drazir reverencian y que, sin embargo, no deja de acosar a Lazor en susurros. E incluso hallamos a divinidades como Ashtaroth, cuyos múltiples preceptos guían las acciones de sus paladines hasta casi destruirles, como ocurre con el caballero Éomar.

La tangibilidad de estos poderes divinos otorga al mundo de Claudia Laforet una pátina sobrenatural. Porque más allá del escenario fantástico, las tragedias que aquí se narran poco o nada tienen de fabuloso. Al fin y al cabo, el racismo, las guerras y el fanatismo religioso son aberraciones bien presentes y asentadas en nuestra realidad. Y he aquí uno de los puntos centrales de Rojamuerte: analizar el por qué de la naturaleza humana y sus actos.

FANTASÍA OSCURA COMBINADA CON ROMANCE

La obra de Claudia Laforet alterna escenas de acción cruenta con momentos de ternura. Las atrocidades que atormentan a Lazor en sus recuerdos se combinan con escenas de campamento e íntimas interacciones entre sus personajes. Así pues, la acción violenta y las grandes batallas quedan complementadas por escenas introspectivas donde el crecimiento personal de los protagonistas es el eje central.

Una combinación que, si bien permite momentos de alivio entre combates, puede no ser del gusto de todos los paladares lectores. Y es que a medida que nos adentramos en la novela, el peso de las relaciones entre Lazor, Mircea y Éomar gana relevancia dentro de la trama hasta convertirse en el eje central de la historia. El ensamble es coherente con el mensaje que busca transmitir Laforet: el camino desde el deseo de morir hasta el hallazgo de una nueva razón para no abandonar la vida. Sin embargo, el maridaje entre estos dos elementos a veces resulta demasiado abrupto. Y, en ocasiones, esto causa desconcierto o la sensación de estar leyendo dos historias de naturaleza opuesta en un mismo volumen.

Precisamente a causa de esta combinación de escenas, el ritmo de la obra puede parecer algo irregular. Y es que las interacciones entre Lazor y sus acompañantes, las conversaciones que mantienen y los capítulos de viaje pueden lastrar el avance a criterio de los lectores impacientes. Sin embargo, esas pausas son imprescindibles para el desarrollo del protagonista y su camino interno desde la venganza y la muerte hacia otra suerte de existencia. No es posible reconciliarse con uno mismo sin detenerse. Aunque eso supongo demorar el avance de la trama y postergar las ansiadas batallas que con tanta maestría sabe narrar la autora.

Debido a estas características, podría decirse que Rojamuerte es una obra híbrida entre fantasía oscura y romance. Sería un equívoco ensalzar una de estas dos mitades por encima de la otra, pues ambas permean la historia a lo largo de las casi quinientas páginas que abarca esta novela. Y esta es una realidad que quien se aventure a leer a Claudia Laforet debe tener presente para no llevarse un desengaño. No sería conveniente buscar en esta novela ni las altas dosis de crueldad de La compañía negra de Glen Cook  ni las acarameladas interacciones de la Saga Empíreo de Rebecca Yarros. Hay batallas y una pátina de oscuridad, sí. Pero también espacio para la ternura, los afectos y las relaciones entre personas.

Rojamuerte

ROJAMUERTE: CONCLUSIONES

En conclusión, la historia de Lazor que Laforet construye en Rojamuerte es el periplo de un personaje roto. Ni héroe, ni villano. Una criatura hecha pedazos que busca con desespero dejar de padecer y que, paso a paso entre las espinas, logra abrazar su dolor para sanar. Quienes opten por adentrarse en este universo conocerán, a través de los ojos del drazir, un mundo roto que busca ser recompuesto. A través de la violencia en algunos casos, sí. Aunque también mediante el perdón y la aceptación. Como antes indicábamos, es esta una obra híbrida. Un cóctel arriesgado que, aún con sus defectos, funciona y podría contentar a los lectores de romantasy tanto como a los de fantasía oscura. Siempre y cuando se atrevan a adentrarse en ella sin perjuicios, claro.


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