Reseña: Salitre y Cenizas

Por José Montejano
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Salitre y CenizasTítulo: Salitre y Cenizas
Autor: Carlos di Urarte
Editorial: El Transbordador
Año de edición: 2025
Extensión: 325 páginas
Encuadernación: Rústica con solapas
PVP: 20,00€


Es en uno de los textos de Estrabón, autor conocido por Geografía, donde se hace hincapié en el poder del relato en el discurrir de las personas, y que «si a ello agregas lo maravilloso y portentoso, aumentas el placer, al tiempo que inspiras miedo, emociones que actúan como un encantamiento que te incita a aprender». En esencia, de eso trata contar historias. Construir una narración que embauque y cautive al lector, transmitiéndole enseñanzas, valores o temores para hacer frente a su realidad cotidiana.

Contar una historia no es una labor sencilla. El esfuerzo que los aedos debían poner a la hora de recitar poemas épicos era ingente. Tenían sobre sus hombros una ardua tarea, un papel crucial en la cultura oral de su época. Pero, si se consigue, su valor es pleno. En el caso que nos ocupa, se puede decir que Carlos di Urarte lo ha conseguido con su novela Salitre y Cenizas (El Transbordador, 2025).

Carlos di Urarte

AEDO SIN LIBERTAD NI GÉNERO

Y es que al hablar de esta obra (primera de una trilogía) es complejo no romper su candor, puesto que se configura como un telar y, a la hora de desgranar uno de sus muchos hilos, se corre el riesgo de destruir lo que es su imagen general. Salitre y Cenizas adentra al lector en una Europa medieval desfigurada, a una España irreconocible. El pulso entre el paganismo y el cristianismo configuran la balanza que mantiene el interés en sus pasajes, donde nada es lo que parece, donde la naturaleza alberga frutos aún desconocidos, y en la que las antiguas habladurías y leyendas conviven invisibles al férreo yugo de la Iglesia, una que rinde tributo a un Cristo ahogado.

El ojáncano, los trastolillos o el sacauntos (como si Manuel Blanco Romasanta fuese a aparecerse) son algunos de los personajes que conviven sin convivir, que impulsan el misticismo de un mundo que se cobija en la tradición cántabra. Una tierra quebrada por la religión, por el yugo inquisitorial. Un páramo grisáceo, donde sus personajes sufren física y espiritualmente. Es, pues, un caldo de cultivo para generar historias y la que aquí se presenta se inicia en una prisión, donde se asiste a la narración de un condenado. Uno que ha quebrado los trece mandamientos eclesiásticos y que se le acusa de sodomía, brujería y otros menesteres.

Salitre y Cenizas es el relato oral de Leo Vicar, de su juventud, de sus pesares en una familia de sinsabores, de su desgracia por la muerte de su padre, de sus maltratos, de su supervivencia diaria, de su rebeldía frente a su tío, de su pesar por su primo, de su feroz aprendizaje y servidumbre a Leomnora, de su bella relación con su abuelo Laurio, de su paso por las Montañas Hambrientas, de su vivir en el cenobio… y la balada que se nos cuenta es aún mayor. Vicar es el sostén de la balanza antes mencionada, es el opio que atrae al lector a estas páginas.

La rudeza del personaje y, a la vez, su sentimentalismo son lo que hace atractivo el recorrer las páginas de esta novela. El autor ha conseguido insuflar vida a un personaje rico en matices, del que, a su vez, no se cuenta y no se puede contar grandes detalles, salvo su convicción por lograr aquello que ansía independientemente del coste. La fórmula que manejó narrativamente Patrick Rothfuss en El nombre del viento o Mika Waltari en Sinuhé, el egipcio es la que impulsa esta historia. Una de muchas se puede decir ya que, como buen aedo, di Urarte deja el camino abierto a nuevos cantares.

Salitre y Cenizas

HUMOR COMO FILO Y SOSIEGO

Un punto aparte a destacar es el cinismo y humor negro integrantes en la novela, que actúan como resorte aligerante de la trama, jugando con lo irónico en determinadas escenas y atrocidades. Un reposo para el lector. En ese tono se aprecia cierta influencia del polaco Andrzej Sapkowski, al igual que el tono que impregna ciertas cintas de Álex de la Iglesia, como El día de la bestia (1995) o El bar (2017).

Pero, en especial, se refleja un aprecio por la pluma afilada de Terry Pratchett. El humor satírico rellena huecos narrativos, permitiendo gesticular una crítica vinculante a la religión (como institución), al cargo jerárquico y al poder de la presión social. Esa pátina, ese barniz duro, es lo que hace que brille lo contado, lo expuesto por Leo Vicar como memorias. No hay mejor forma de describirlo que mostrarlo:

Pasamos a hablar del limbo, que es donde Dios encierra a los bebés que mueren antes de recibir el bautismo, porque una cosa es ser misericordioso y otra ir por ahí perdonando recién nacidos, faltaría más.

SALITRE Y CENIZAS: CONCLUSIÓN

Salitre y Cenizas es una obra recomendable para cualquier aficionado al grimdark. Un canto trágico, un relato de amor por la libertad y la búsqueda de uno mismo. Un cantar folclórico que revaloriza las letras nacionales y que muestra a Carlos di Urarte como una voz a seguir en la literatura fantástica de los próximos años.


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