Título de la obra: Gris era el páramo
Autor: Javier Miró
Editorial: Grijalbo
Año de edición: 2025
Extensión: 562 páginas
Encuadernación: Rústica con solapas
PVP: 24,90€ (papel) / 10,99 (digital)
El páramo es un lugar hostil, un vasto desierto en el que la vida no puede abrirse camino. Vientos inclementes azotan su superficie, y quienes se atreven a desafiarlos, o bien buscan la muerte, o bien están demasiado desesperados para ponderar otra opción. Así es el oscuro escenario en el que Javier Miró desarrolla su última novela, publicada por Grijalbo, Gris era el páramo.
UN MUNDO QUE SE DESGRANA A TRAVÉS DE SUS PROTAGONISTAS
Lo primero que el lector encuentra al adentrarse en esta novela es un amalgama de intereses e historias personales. Gris era el páramo se desgrana a través de la historia de los distintos personajes que forman su elenco, todos ellos dotados de luces y, sobre todo, de sombras. Es resiguiendo su deambular que vamos conociendo La Desolación, un vasto territorio sitiado por montañas donde pueblos y ciudades se abren camino a empujones. Y engulléndoles a todos como una implacable masa se halla el Páramo. Este espacio da nombre a la novela y participa de la trama como un lúgubre personaje más, ocupando el centro del mapa, obra de Ricardo Sánchez.
Mediante este sistema de combinar puntos de vista, muchos de los cuales no llegan a cruzarse hasta casi el tercio final del libro, conocemos los distintos aspectos que forman el worldbuilding del universo creado por Javier Miró. Los aspectos religiosos, las creencias, los juegos de poder, el método para hallar el mejor destino… Todos estos elementos se nos dan a conocer gracias a Nyx, Lem y el resto del elenco.

Javier Miró. Foto: Julia Schell ©
VARIAS VOCES CUENTAN LA HISTORIA DE GRIS ERA EL PÁRAMO
Como decíamos, Gris era el páramo se vale de una narración basada en distintos puntos de vista. Es la senda vital de cada uno de los personajes principales y las decisiones que toman lo que va dando forma a una trama global. Por una parte, esto permite un despliegue detallado tanto de la psique de estos personajes como del entorno por el cual se mueven. Pero por otro lado, focalizarse en estas tramas individuales genera en ocasiones la sensación de no estar avanzando. O, al menos, de no hacerlo tan rápido como querríamos. Y es que la historia, pese a lo que pudiera hacernos pensar su primer capítulo, tarda unas cuantas páginas en ponerse en marcha y desplegarse completamente.
Esta sensación es en parte culpa de Nyx, la primera de las protagonistas de la novela. Esta jovencita de mal carácter trabaja a las órdenes de Sólomon, capellán de la sala de la Verdad. No en vano, la muchacha detenta un extraño don que la ha convertido en una reputada (y temida) asesina. Nyx es una caminante, una de las pocas personas nacidas con el don de poder caminar por la Umbra. Es este un plano paralelo a la realidad que sirve de cobijo para todo tipo de horrores. Siguiendo las órdenes de Sólomon, Nyx patrulla el Páramo y siega vidas mientras busca una gema excepcional y masculla malas palabras para sus adentros. Porque, en el fondo, la moza no desea más tesoros secretos ni riquezas que alcanzar su propia libertad.
Más sosegado es el tono de Lem, el segundo personaje con el que nos cruzamos durante la lectura. Este mozo, desgarbado y algo patoso, forma parte de la Academia de augures, espacio en el que se forma para poder interpretar el porvenir. Sin embargo, aunque debiera estar dotado de talento para la visión, lo cierto es que Lem apenas atina en sus profecías. Y un augur que miente o que no sabe leer los presagios solo tiene un camino por delante: el del patíbulo. Y no cabe duda de que sus odiosos compañeros de clase y la maestra Simila estarían encantados de entregarle al verdugo. De modo que el pobre estudiante se ve empujado a decidirse: o mejora en su arte para leer el futuro (o de mentir con convicción), o más le vale poner pies en polvorosa cuanto antes.
Por último, contamos con la narrativa paralela de Maia y Wylar, ambos soldados de la Torre. La guerrera y su compañero forman una dupla que salta entre la acción y una tensión romántica que se gesta a fuego lento. La ruda guerrera está colada por ese arquero presumido e irreverente que la acompaña en su periplo a través del Páramo. Un escenario donde solo logran sobrevivir quienes, como ellos, pueden canalizar las energías de la Umbra. Cosa que los hace idóneos para ejecutar los designios de la Princesa, la señora de la Torre.

REGUSTO A SUS PREDECESORAS
Es imposible aproximarse a Gris era el páramo sin hallar en ella el poso de las obras de fantasía que la precedieron. La novela está impregnada de ese halo sucio y oscuro que nos transporta a los callejones Luthadel de Nacidos de la Bruma. O a cualquiera de las ciudades en las que Kvothe se ve obligado a mendigar en su juventud en El Nombre del Viento. De hecho, el uso premeditado de distintas voces narrativas para desgranar la trama se ensambla perfectamente con el trabajo de autores de cabecera de la fantasía oscura como son Abercrombie y George R. R. Martin.
Incluso la construcción del mundo, este Páramo postapocalíptico donde distintos grupos de mercenarias pelean por los (escasos) recursos mientras son perseguidos por sicarios y soldados, recuerda a la obra de Glen Cook. No nos costaría ver deambular por este escenario a Matasanos y al resto de La Compañía Negra, aceros a sueldo de la terrible Dama y sus Tomados.
La novela de Javier Miró bebe de todas estas obras para crear un universo propio. Desde su propia identidad, rinde homenaje a estos grandes títulos de la fantasía oscura. Y precisamente por ello, durante la lectura, nos vienen a la mente tantos y tantos títulos previos que los lectores hemos podido disfrutar. Porque, en el fondo, volver a las raíces también es rendir homenaje a aquellas lecturas que nos han enamorado.
Así pues, Gris era el páramo es una lectura adecuada para quienes quieran descubrir una historia de fantasía oscura de Km 0. Los lectores que se adentren por primera vez en el género, gozarán con el abanico de elementos que Javier Miró pone a su disposición. Y quienes ya estén avezados en él, encontrarán en sus páginas un bello homenaje a las novelas que la han precedido y un lavado de cara de sus elementos característicos.
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